¿Por qué existen muchos trabajos?: La División Social del Trabajo según Durkheim y Marx

 La división social del trabajo

Autor: Caesar D

En este texto se harán dos breves reseñas sobre como se divide el trabajo según el autor Emile Durkheim y Karl Marx, con el fin de responder a la pregunta sobre el ¿Por qué existen múltiples trabajos?, también de ¿ Dónde surgen estos trabajos.




Según Durkheim 

Emile Durkheim, realiza un análisis en su texto explica las condiciones históricas que han llevado a la creciente división del trabajo en las sociedades, creando así la sociedad moderna. Durkheim nos habla sobre que la división del trabajo es un factor para lograr la armonía social, y sus estudios se centran en varias condiciones históricas clave que han facilitado este proceso.

Una de las principales condiciones que él identifica es el aumento de la densidad dinámica. La densidad dinámica se refiere al crecimiento de la población y la intensificación de las interacciones sociales, con ello a medida que las sociedades crecen en tamaño y complejidad, las interacciones entre individuos se vuelven más frecuentes y variadas. Este aumento en la interacción social crea una necesidad de especialización de roles y funciones para manejar la complejidad social. En sociedades más pequeñas y menos complejas, los individuos pueden realizar una variedad de tareas, pero en sociedades más grandes, la especialización se vuelve necesaria para mantener la eficiencia y la cohesión social. La densidad dinámica, por lo tanto, impulsa la división del trabajo al crear un entorno en el que la especialización es no solo posible, sino también necesaria para el funcionamiento efectivo de la sociedad.

Otra condición histórica importante es el desarrollo de la comunicación y el transporte. Las mejoras en los medios de comunicación y transporte facilitan la interacción y el intercambio de bienes e ideas entre diferentes partes de la sociedad. Estas mejoras permiten una mayor cooperación y coordinación, lo que a su vez fomenta la especialización y la división del trabajo. Por ejemplo, la invención del telégrafo y el ferrocarril en el siglo XIX permitió una comunicación y transporte más rápidos y eficientes, lo que facilitó la coordinación de actividades económicas y sociales a gran escala. Este desarrollo tecnológico no solo hizo posible la división del trabajo, sino que también la incentivó al permitir que las personas se especializaran en tareas específicas y dependieran de otros para satisfacer sus necesidades.

Además, Durkheim señala la evolución de las normas y valores sociales como una condición crucial para la división del trabajo. A medida que las sociedades evolucionan, las normas y valores que regulan la conducta social también cambian. En sociedades primitivas, las normas y valores tienden a ser homogéneos y están basados en la solidaridad mecánica, donde la cohesión social se basa en la similitud entre los individuos. Sin embargo, en sociedades más avanzadas, las normas y valores se adaptan para apoyar la cooperación y la interdependencia, lo que facilita la división del trabajo. Esta transición de la solidaridad mecánica a la solidaridad orgánica es fundamental para entender cómo la división del trabajo contribuye a la armonía social. En una sociedad con solidaridad orgánica, los individuos son diferentes y especializados, pero están unidos por su interdependencia y la necesidad mutua de cooperación.

Durkheim considera que la división del trabajo es un factor decisivo para la armonía social debido a su capacidad para generar solidaridad orgánica. En las sociedades modernas, la solidaridad orgánica surge de la interdependencia entre individuos especializados. Cada persona depende de los demás para satisfacer sus necesidades, lo que fomenta la cohesión social. Esta interdependencia crea un sentido de comunidad y pertenencia, ya que los individuos reconocen que su bienestar está ligado al bienestar de los demás. La división del trabajo, por lo tanto, no solo aumenta la eficiencia económica, sino que también fortalece los lazos sociales al promover la cooperación y la interdependencia.

Además, la división del trabajo reduce los conflictos al disminuir la competencia directa entre individuos. En una sociedad donde todos realizan las mismas tareas, la competencia por recursos y oportunidades puede ser intensa y generar conflictos. Sin embargo, cuando los individuos se especializan en diferentes roles y funciones, la competencia directa se reduce, ya que cada persona tiene un nicho específico en el que puede sobresalir. Esta especialización permite una distribución más equitativa de recursos y oportunidades, lo que a su vez reduce las tensiones y conflictos sociales. Durkheim argumenta que esta reducción de conflictos es esencial para la armonía social, ya que permite que las sociedades funcionen de manera más pacífica y cohesionada.


Se identifican varias condiciones históricas que han facilitado la creciente división del trabajo en las sociedades, incluyendo el aumento de la densidad dinámica, el desarrollo de la comunicación y el transporte, y la evolución de las normas y valores sociales. Estas condiciones han permitido que las sociedades se vuelvan más complejas y especializadas, lo que a su vez ha generado solidaridad orgánica y reducido los conflictos. Durkheim considera que la división del trabajo es un factor decisivo para la armonía social debido a su capacidad para promover la cooperación, la interdependencia y la cohesión social. En una sociedad moderna, la división del trabajo no solo aumenta la eficiencia económica, sino que también fortalece los lazos sociales y reduce las tensiones, creando un entorno más armonioso y cohesionado.




Según Marx 

En el capítulo XII de "El Capital", Karl Marx aborda la división del trabajo en el contexto de la manufactura, destacando su impacto en la producción y en las condiciones laborales del proletariado. Marx distingue dos orígenes de la manufactura: la cooperación de artesanos que antes trabajaban de manera independiente y la división del trabajo, donde el proceso de producción se fragmenta en tareas específicas, asignadas a distintos trabajadores. Esta especialización permite un aumento significativo en la eficiencia y la productividad, pero al mismo tiempo, transforma la naturaleza del trabajo, reduciendo al trabajador a un mero especialista en una tarea repetitiva y limitada. Esta división del trabajo es fundamental para la estructura manufacturera, manifestándose en dos formas: la manufactura heterogénea, donde diferentes productos se elaboran en un mismo taller, y la manufactura orgánica, donde el producto final es el resultado de la combinación de diversos procesos especializados. Para Marx, este sistema es intrínsecamente capitalista, ya que está basado en la explotación del trabajo asalariado, donde los capitalistas obtienen beneficios al pagar a los trabajadores una fracción del valor que generan. Marx critica cómo la división del trabajo en la manufactura lleva a la alienación del trabajador, una condición que, aunque aumente la productividad, perpetúa la desigualdad y la explotación, elementos centrales en su crítica al capitalismo.




Fuentes 

Émile Durkheim - La división del trabajo social Durkheim, É. (2012). La división del trabajo social. Biblioteca Nueva.


Karl Marx - El capital (Capítulo sobre la división del trabajo) Marx, K. (1867). El capital: Crítica de la economía política (Vol.1). Fondo de Cultura Económica.

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