Notas sobre "El Ser y el tiempo"
Preguntar es buscar. Si con el “ser ahí" entendemos al ser humano, podemos decir que lo que nos hace humanos es nuestra habilidad y posibilidad de preguntarnos por las cosas y más allá de ellas.Por lo tanto, la ontología debe preguntarse por el sentido del ser...Quizás lo más humano sea preguntarse por lo que otras especies simplemente dan por hecho. No solo preguntar, el esfuerzo por responder es muy humano.
Heidegger nos dice que la pregunta por la existencia no puede resolverse más que a través de existir. Esto me suena muy taoísta. Hay un diálogo necesario entre la tradición occidental y la tradición oriental, Heidegger y otros autores nos abren ese camino pero siempre hay senderos que explorar o abrir dentro de ese camino sin fin hacia el siempre oculto Tao/Ser.
El ser y el tiempo no es más que un sincero esfuerzo (demasiado obscuro a veces) por ahondar en nuestro misterioso ser. El Ser que hemos olvidado por la metafísica y otras cosas.
El tiempo no es suficiente, la temporalidad tampoco. Para hablar sobre nuestra existencia como "ser ahí" necesitamos la temporeidad. El tiempo es el horizonte de la existencia.
La primera estructura existenciaria del "ser ahí": El ser en el mundo. Lo que significa que habitamos en el mundo. No es una simple relación entre objetos (ser para los ojos). Es estar dentro y tener que despachar/liquidar empresas (curar). Al hablar del mundo, del mundo circundante y la mundaniedad en general...No estamos cuestionando la existencia, lo que tenemos que hacer es preguntarnos por las estructuras internas que marcan nuestro andar en el mundo. Preguntarnos por qué el vaso es útil nos puede llevar a descubrir la inmensa conexión entre los entes del mundo.
El mundo en Heidegger no es exactamente el planeta o un microcosmos. El mundo refiere a lo que experimentamos cotidianamente en las cercanías. Es más bien una especie de dimensión espacial donde el Ser anda, vive y existe. Desde Descartes la mentalidad occidental dominante ignora la pregunta por el Ser y le impone un sentido matemático al mundo y por ende al Ser. Aquí Heidegger se acerca a la crítica de todo eso de la lógica instrumental y la perspectiva de la naturaleza como fuente de recursos cuantificados.
No somos agentes extramundanos que llegan al mundo para usar y pensar la amplia extensión que Dios creó. Estamos inmersos en el mundo y sus actividades, es un continuo andar en el mundo. Hasta cierto punto somos tan cosas como las otras cosas que vemos y utilizamos, pero tenemos abiertas las posibilidades de “ser ahí".
Somos seres espaciales. El desalejar es una actividad/parte del "ser ahí". Des-alejarnos de algo es un existeciario, al igual que espaciar. Las medidas matemáticas formales no guían nuestras acciones cotidianas. La subjetividad del desalejar nos revela la realidad del mundo, pues no es una mera posición subjetiva, sino parte del ser en el mundo. El espacio contribuye a la formación del mundo, por tanto no es que de un espacio dado surja el mundo, ni tampoco que nosotros seamos el espacio. Es más bien como si nosotros hiciéramos el espacio a partir del mundo.
El Yo no es suficiente para explicar el “ser ahí", puesto que la esencia es la existencia. Y la existencia siempre se da con otros. El “ser con" es parte importante del ser en el mundo, somos frente a útiles y cosas pero también somos con otros. Incluso estando ausentes, solos o indiferentes hay este “ser con" aunque sea defectuosamente.
La actividad (la cura de Heidegger) es el ser del “ser ahí". En relación con los otros puede pasar que sustituyamos a alguien en su cura o que lo ayudemos. El primer caso es dominar, el segundo es devolver. Son dos maneras extremas de "ser con" otros: sustitutivo-dominador y anticipativo-liberador.
En el capítulo 4 Heidegger parece sociologizar sin saberlo ni quererlo. Una vez vistos los existenciarios del ser en el mundo y el “ser con", una vez abordados el tema de los otros y el tema de la cotidianidad (un adelanto de la discusión sobre la autenticidad)...Queda lo socialmente determinado de ese plexo de significados que nos facilitan el andar en el mundo. La mundanidad es significatividad.
Pero Heidegger jamás usa la palabra sociedad ni nada por el estilo en está sección, supongo que considera esa terminología demasiado cuantitativa y materialista. Usa el término “Uno" para nombrar el existenciario de el quién que no es nadie y es todos potencialmente. Ese “Uno" al que le podemos delegar nuestra vida. El “ser ahí" se guarda a sí mismo y deja al “Uno" ser no yo mismo.
Comprender e interpretar son estructuras mutuamente parte del ser en el mundo. Consisten en darle sentido a las cosas y a los estados de ánimo bajo el lente de la conformidad con los significados. Esto implica cierta posibilidad de pensar al fundamento de nuestro plexo de significados (el mundo) como un punto donde cultura y naturaleza no sé diferencian aún. La cultura aún no es muy espiritual y la naturaleza aún no muy corporal. Esto por un lado implica reconocer que la relación sujeto-objeto es una separación posterior y un tema de estudio abstracto. En el “ser ahí" se da una suerte de conjunción. Por otro lado, Heidegger al colocar el sentido o no sentido en el propio “ser ahí" pareciera anular la cuestión dramática del famoso sentido de la vida.
El habla o logos es un existeciario por derecho propio. Para hablar tenemos que comprender previamente una totalidad de significados y eso implica un ser en el mundo. Aquí llegamos al famoso “estado de abierto" del “ser ahí". En el hablar se incluyen posibilidades tales como el callar (guardar silencio) y las habladurías (las narrativas públicas).
Hay una fábula que Heidegger rescata de Herder (según parece) que sintetiza buena parte de su analítica del “ser ahí": La fábula de Cura. Es interesante que sea Cura quien haya creado al hombre, pues entonces la actividad resulta clave y esto puede remitir a ciertas ideas evolucionistas de cómo el trabajo fue formando a nuestra especie. Se da un conflicto cuando Cura, Júpiter (el cielo) y Tellus (la tierra) se disputan por la posesión del hombre recién creado. Es Saturno (el tiempo) quien a modo de juez imparcial reparte la propiedad del hombre en tres: Espíritu para Júpiter, cuerpo para Tellus y vida para Cura. Entonces Cura, que yo entiendo como actividad, es dueño de nosotros como unidad durante la vida.
Al tratar el ser relativamente a la muerte Heidegger da un paso curioso en sus explicaciones. Pasamos del ser en el mundo andante y constantemente activo a ver al “ser ahí" como potencialidad (por así decirlo). La posibilidad más original, irrefrenable e inabarcable es la muerte: La posibilidad de la imposibilidad. En esto Heidegger da un paso complicado y aquí entramos en una de las partes más oscuras de su obra.
A través de la angustia existencial accedemos a la certeza de la muerte y ahí es donde el “ser ahí" se singulariza más allá de las habladurías y el Uno. Esto es una manera interesante de aproximarse al debate sobre ser originales o por el contrario ser “normies". En la cotidianidad huimos de la inminente muerte, nos refugiamos en el Uno y ocultamos esa última posibilidad...Y no es malo hacerlo, tampoco bueno o mejor dicho: Aquí no entra la moralidad juiciosa.
La angustia consiste en una repentina falta de significado respecto a lo que nos rodea. Un ponerse frente a la nada y la inminente muerte propia, es la angustia por una existencia sin sentido. Pero también es un ponerse frente al “ser ahí" como posibilidades y como auténtico en la cura. En este punto es donde se descubre que la cura no es tanto la mera actividad, cómo pensé anteriormente, es más bien el cuidado atento o absorbente de algo, tanto activo como "inactivo". El cuidado vendría siendo el ser del “ser ahí", mientras que el ahí es el lugar y las posibilidades del “ser ahí".
Para Heidegger la cura disuelva la controversia entre teoría y práctica, es por ello qué tal vez actividad no sea la mejor manera de entenderla. Toda "práctica" requiere de una "teoría" por rudimentaria e impropia (pública) que sea, toda "teoría" implica una "práctica" aún si es algo tan simple como escribir con lápiz y papel o si es tan solo concentrarse en pensar. No hay mentes aisladas del mundo, no hay acción sin conformidad a un sentido. La controversia entre ambas actividades se debe a la omisión de qué pensar y martillar son cuidado de algo aunque ese algo y el cómo del cuidado sean diferentes.
El ser humano es histórico y por ello puede desarrollar historiografía. Es histórico por qué es finito. En su modo auténtico desarrolla un destino individual estructurado por el “ser relativamente a la muerte", el “ser relativamente al nacimiento" y el “entre" ambos (esto suena muy similar al neopaganismo nórdico). En su modo inauténtico el ser humano acepta la historia del mundo que le sea dada por otros. Pero en todo caso hay, por decirlo así, necesidad y tendencia a la historia. En todo momento somos parte de una historia, ya sea la historia individual propia o la historia colectiva impropia. Contamos y vivimos en historias.
Por ello podemos decir que también somos seres temporales. Tenemos una relación especial con el tiempo original qué no es exactamente el tiempo vulgar. Hay una temporalidad previa a todo objeto y a todo sujeto (Heidegger señala problemas en nuestra clásica y occidental relación sujeto-objeto) qué precisamente permite la existencia del tiempo vulgar. Este tiempo vulgar no es otro sino la concepción aristotélica del tiempo: Un flujo lineal de "ahoras", futuros y pasados. Este tiempo vulgar se ha ido sofisticando de la mano de la técnica, ya no es un palo ubicado en un lugar determinado que señala con su sombra al Sol en el cielo...Ahora ni siquiera tiene que ser un reloj de los que Heidegger habló pues tenemos relojes inteligentes aún más útiles e invasivos.
El tiempo así concebido sobrepasa a las cosas y a casi todo lo que nos venga a la cabeza. El título ya nos lo advirtió: El ser y el tiempo son los límites en la busca del fundamento. Quizás habría que añadir el enigma de la muerte, quizás el no ser sea aún más misterioso. Es momento de volver a los griegos antiguos con su el ser es y el no ser no es, sin olvidar que el hombre es la medida de todas las cosas nos guste o no. Tenemos que preguntar siempre, sin rendirnos ante la posibilidad de no obtener respuesta.
Y precisamente el cierre del libro es magistral puesto que Heidegger reconoce haber abierto el camino rumbo a la pregunta por el ser...Pero ni la pregunta ni la respuesta están formuladas. No sé cierra el camino, por qué cerrarlo sería dejar de preguntar por lo más fundamental y además, hablando hegelianamente, esto supondría el fin de la historia del Espíritu. ¿Qué cabría preguntarse después? ¿Sobre la muerte que intentamos cosificar? ¿Sobre el tiempo? ¿No serían esas preguntas un retorno a la pregunta por el ser? Siempre volvemos a la vilipendiada figura del círculo.

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