Una mirada al horror erótico




En el lado "oscuro" del internet podemos observar la perversión de lo que viene siendo la mitología del siglo XXI: Los cómics, los mangas y demás contenidos pornográficos. En está ocasión daremos una mirada a ese abismo dentro del internet, a ese pozo digital donde la sociedad administrada intenta contener los impulsos de una población exhausta y dividida. Para esa mirada nos servirán nociones del sociólogo francés Georges Bataille (1897-1962), del psicólogo suizo Carl Jung (1875-1961) y de la Escuela de Frankfurt (De Horkheimer y Adorno en específico).  

¿Qué nos quieren decir historias de violaciones, incesto, excesos y relaciones con otras especies (no necesariamente reales)? ¿Acaso hay algo detrás de lo que es condenada como una actividad clandestina? 

Podemos empezar considerando que encontramos en dicho contenido pornográfico lo que parece ser una necesidad incontrolable y feroz por unirnos con lo diferente, de regresar a las certezas animales y de renunciar al trabajo tan demandante de la sociedad actual. Se trata de la expresión de varias necesidades biológicas que han quedado muy lejos de verse satisfechas. Tenemos una gran vitalidad frustrada por el modo de vivir que seguimos a gran escala (por lo menos en el mundo occidentalizado), vitalidad que buscando satisfacerse lo consigue por medio de historias extrañas.

La escandalizada y dividida conciencia colectiva intenta ignorar en lo posible la existencia de este pequeño submundo digital. Tanto el "estoicismo" (conservador/masculino) como el pensamiento de izquierdas (progresista/femenino) condenan junto a la industria psicológica la adicción a la pornografía. Se trata de una condena que une a la conciencia colectiva de tal manera que por momentos se olvidan de sus disputas.

El término tranquilizante que la conciencia colectiva utiliza para disminuir la importancia del horror erótico es que se trata tan solo de historias ficticias. Y con eso cree que ya nada pasa, incluso la Inteligencia Artificial cierra sus ojos ante escenario hipotético. Pero las necesidades que se expresan en dichos medios no serán liquidadas solo por qué la sociedad haya encontrado la manera de minimizar el asunto.

Las pulsiones de una especia con tanto éxito, con tanta riqueza de fuerzas vitales y con el dominio de un planeta entero son difíciles de manejar. Tras una época donde se habló de revolución sexual, con los viejos dogmas caídos, ahora corresponde a la industria cultural encargarse de contener la situación. ¿Por qué no comercializar, controlar y estandarizar la oculta vida erótica de la gente? Total, ya hacemos eso con casi toda faceta de nuestra vida.

Queremos pensar que somos un animal sin instintos, aunque por doquier vemos que tenemos tres instintos primarios: Sexual, social y destructivo. A veces sublimados, otras veces de manera descarada pero siempre apareciendo en nuestras ocupadas y racionales vidas.

El horror es aquello que se sale de nuestro estatus quo, es todo aquello que se aleja de lo permitido/alentado por la sociedad. Lo ignoramos o intentamos neutralizarlo, casi nunca buscamos entenderlo y aceptarlo como una señal de que existe lo distinto. Mientras que lo erótico siempre es transgresor ya que rompe con lo ordinario, con nuestra vida de sujetos ocupados y superiores al animal, nos recuerda que pertenecemos a algo más grande (la especie) y que moriremos algún día.

Juntos bajo la noción de horror erótico expresan las necesidades insatisfechas. Es una reacción unificadora ante las divisiones políticas e internas que promueven los poderosos sistemas de nuestra inhumana sociedad actual. Es una efímera e inconsciente rebelión contra la exigencias de una sociedad saturada de estímulos fáciles. No es un simple vicio o adicción psicológica, se trata de algo mucho más complicado pues es un síntoma de las consecuencias del estilo de vida que tanto elogiamos.

Idealmente la sociedad, si se dice democrática, tendría que garantizar la existencia de canales de diálogo entre las distintas fuerzas políticas. En su lugar vemos el acenso de gobiernos extremistas o que alegan contener a los extremismos. Los gobiernos lejos de querer dialogar, solo buscan imponer su agenda y no dudan en dividir para vencer.

Idealmente deberíamos tener la posibilidad de un correcto desarrollo psicológico, donde tuviéramos una correcta relación con los elementos que componen nuestra mente. Una correcta relación con nuestro lado oscuro, una correcta relación con las emociones en el caso de los hombres (el anima) y en el caso de las mujeres una correcta relación con la lógica y el poder (el animus). Pero lejos de ello, tenemos neurosis y depresión a escala impresionantes.

Quizás lo peor de la pornografía mediante imágenes no sea el juicio moral que tiene al respecto la conciencia colectiva, lo peor es que pareciera que queremos hacer mercancía lo más profundo de nuestra naturaleza. No queremos detenernos a sanar, a comprender nuestros procesos y a reflexionar sobre el estado actual de la sociedad. En su lugar, neutralizamos las consecuencias vía convertir en mercancía aspectos incomprendidos de nosotros mismos. 

En suma: Vamos rumbo a un futuro cubierto de sombras, sin objetivo claro y con un montón de confusión a cuestas. Horror erótico es que no podamos amar a lo otro en nuestro interior ni amar a la otra persona en el exterior...Pero lo deseamos, lo necesitamos.

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